Ella le pidió que la llevara al fin del mundo,
él puso a su nombre todas las olas del mar.
Se miraron un segundo
como dos desconocidos.
Todas las ciudades eran pocas a sus ojos,
ella quiso barcos y él no supo qué pescar.
Y al final números rojos
en la cuenta del olvido.

Así nace hoy este espacio que no tendrá más valor que el que le quieran dar los que por aquí se pasen y se dejen algo de su pensamiento.

Aquí encontraréis un espacio libre con música, cine y libros.

Nace con números rojos y con ganas de llegar al fin del mundo.